CAPITULO UNO: EL RETORNO DE UN
DEMONIO
Trató de recordar con desesperación de que conocía a esa
muchacha, del porque ella lo miraba de aquella manera, dolida, casi con odio,
más un carraspeo proveniente de su costado derecho lo sacó de sus pensamientos.
― Masamune, tus compañeros están esperando a que des tu
presentación ―le instó el que sería su tutor hasta la graduación del instituto.
El hombre parecía rozar los cuarenta años. Su complexión no
se podría decir que fuese fuerte, mas bien todo lo contrario de aquello. De
estatura pequeña, el rostro era tan común como el color de su cabello, negro.
Pero había algo en él que derrochaba confianza y camaradería. Quizás demasiada
para ser un profesor. En eso, Masamune, se preguntó cuál sería la asignatura
que el instruiría aquel personajillo que en ese momento lo alentaba con una
sonrisa tímida.
― Mi nombre es Masamune, Masamune Ren ―la voz del muchacho
sonó segura y calmada― Por circunstancias, mi familia y yo nos mudamos a esta
ciudad, no estoy muy familiarizado con las costumbres de Asahikawa, aunque viví
aquí hasta la edad de los cinco años, pronto nos mudamos a Tokio. Por favor
cuidad de mi ―finalizó su presentación con la, ya tan conocida reverencia.
Se escucharon murmullos y las exclamaciones de las chicas,
visiblemente emocionadas de que el nuevo alumno y compañero de curso y clase
era apuesto y con, por lo poco que habían podido ver, buena actitud.
― Gracias Masamune ―habló una vez mas el profesor― Tu
asiento es el que está detrás de Yamamoto. Por favor levántate para que
Masamune sepa donde se tiene que sentar ―diciendo esto último a un joven de
aspecto algo rudo el cual, de paso, parecía que acababa de despertarse.
Masamune Ren se encaminó a su nuevo lugar en esa aula,
siendo seguido por las miradas expectantes de las chicas y las inquisitivas de
los chicos. Mas la única que le interesaba era la de aquella muchacha de
cabellos rubios y rizados que ahora estaba enfocada en lo que parecía el libro
más interesante del mundo, mientras jugaba lentamente con el lapicero que tenía
entre los dedos de la mano derecha.
Se sentó lentamente en su sitio mientras colgaba su maletín
al lado izquierdo de la mesa. Lanzó un pequeño suspiro y comenzó a colocar sus
cosas en el pupitre: una libreta y un par de bolígrafos, así como también un
lapicero y un borrador para este.
La clase no demoró en dar comienzo y, al fin la primera
pregunta que había rondado por su cabeza consiguió su respuesta. Odiaba las
Matemáticas y las notas que había obtenido en esa asignatura a lo largo de sus
años lectivos le había repercutido en su casi perfecto boletín de notas.
Se la pasó anotando cualquier cosa que aquel profesor de
apariencia amable apuntaba en el gran pizarrón a la vez que también garabateaba
en los márgenes de la libreta cualquier cosa si es que se aburría tras hacer
los ejercicios indicados por el profesor Matsumoto.
La hora de Matemáticas le pasó más lento de lo que podía
creer, no obstante las dos horas siguientes, Japones Moderno y Ciencias, fueron
para él como unas horas en el karaoke con sus amigos.
Le habían parecido tan sencillas que apenas había escuchado
a la joven profesora Yoshioka y al desgreñado profesor Mizuki. Y, tras ellos
llegó el receso de las clases.
En un primer momento pensó en huir, no obstante a los pocos
segundos ya estaba rodeado de gente. Demasiadas caras se presentaron e hicieron
preguntas, no obstante él no lograba recordar a panas dos personas de clase
según llegó a clase.
Nanami Sakura, la cual
era la representante de la clase y a Hoshina Yuki con el que había compartido
los años que había vivido en Asahikawa. Era su amigo de la infancia y ahora
vivían, como anteriormente, uno al lado del otro.
Compartieron también el camino a casa y, Hoshina lo puso al
día en su vida y en como ahora él y una chica de la clase estaban saliendo
juntos. Había pasado un buen rato con Yuki, le había preguntado por la
misteriosa chica, mas el joven de cabellos plateados no había respondido con
nada sustancial.
La mañana amaneciera nublada y con la poco claridad que
entraba por entre las cortinas de su habitación sus ojos carmesí se abrieron
lentamente.
Ella usualmente no se despertaba temprano, ni siquiera había
salado la alarma de su despertador cuando ella, sentada en la cama, y mientras
se colocaba un poco el cabello se ponía las zapatillas. Acto seguido bajo el
botón de encendido del aparato y se levantó con tranquilidad.
La casa estaba en completo silencio, para ella aquello era
ya usual. Su hermana mayor hacía al menos una hora que se había ido a su
trabajo y la gata apenas hacía ruido. Si, ella vivía con su hermana.
Caminó unos cuantos pasos y de la cómoda cogió un coletero y
sus pendientes los cuales colocó después de recoger su brillante, ondulado y rubio
cabello.
Bajo las escaleras y entró en la cocina donde, su pequeña y
cariñosa gata, le dio la bienvenida.
― Buenos días Utau ―saludó la chica con una pequeña sonrisa
y se acuclilló para acariciar y jugar un poco con el animal― Vamos, a desayunar
―comentó y se incorporó, guió sus paso hacia una alacena y de ella cogió la
comida de gato, la cual sirvió en el comedero del felino.
No pasó mucho tiempo en el que ella se lavó sus manos y
comenzó a preparar su desayuno. El día no prometía ser bueno del todo. Sobre
todo tras la sorpresa del día anterior.
Haruka se puso a pensar en el porqué de la vuelta del chico.
Masamune Ren no parecía acordarse de ella… Pero tampoco lo culpaba, más bien lo
agradecía, pues ella había cambiado un poco mucho.
De pequeña Haruka había sido una niña muy tímida y un tanto
llorona. Por aquel entonces Akari era la más fiable de las dos, cosa que en el
presente era lo opuesto. Era usual para Haruka el esconderse tras de ella o de
su mejor amigo. Pero ahora ella era la que defendía a los demás.
No obstante, no se sentía segura de poder lidiar nuevamente
con la presencia de Masamune. Para la rubia era una persona que había marcado
para mal su infancia. Aun recordaba las cosas que le había hecho y, por mucho
que lo negara, a día de hoy continuaba teniendo pesadillas sobre aquellos
tiempos.
Negando con la cabeza, para sacarse esos pensamientos de la
mente, llevó los alimentos a la mesa. En ese momento, justo cuando estaba a
punto de sentarse, el timbre de la puerta fue presionado barias veces, lo cual
significaba que su despertador personal -como a veces llamaba en su
subconsciente a Akari- había llegado.
Lanzó un leve suspiro acompañado de una sonrisa y caminó de
forma lenta a abrir la puerta. Sabía que si tardaba un poco, su mejor amiga
comenzaría a llamar al teléfono de la casa hasta que le abriese la puerta.
Quitó e pestillo de la puerta de la entrada y entreabrió la
puerta asomando lentamente la cabeza. Por la mente de Haruka surcó la idea de
que la morena se sorprendería, no obstante la ojiescarlata fue la más
sorprendida.
La primera persona que vio en la puerta fue al novio de su
amiga, un chico apuesto y de inusuales cabellos plateados y ojos negro intenso.
Varios parpadeos después y tras salir de su estupefacción, Haruka abrió del
todo la puerta dejando así pasar a la pareja.
― Esto es inusual. ¿Te has despertado realmente temprano o
simplemente no has dormido? ―le preguntó con voz cantarina Akari dejando su
abrigo y su bandolera en la entrada. Por el contrario Yuki no dejo sus cosas en
ningún momento, permaneció quieto al costado de su novia.
― Me desperté pronto… Pero eso no quita el dormir mal ―
respondió la rubia asegurando nuevamente la puerta― Lo que es inusual es que
Yuki te acompañe, ¿a qué debo el honor? ―se dirigió esta vez la rubia― Puedes
dejar las cosas donde lo ha hecho Akari, siéntete cómodo ―Haruka no solía tener
mucho trato con Yuki, no obstante la relación con él no era cortante, la
amabilidad de la chica se hacía presente
en cada escueta conversación, pero también se solía entrever en sus
palabras lo desconfiada que era ella hacia el chico.
El chico simplemente asintió e hizo lo que le habían
indicado. Tras ello siguió a las chicas hasta la cocina de Sohma. Al entrar en
ella se podía respirar el aroma que había dejado el café recién preparado y el
dulce olor de la confitura de moras que decoraban el centro de las dos tostadas
que la rubia tomaría al desayuno.
― ¿Te gusta el café o prefieres algo como… zumo, te,
chocolate caliente? ― Le preguntó ella con tranquilidad mientras cogía dos
tazones.
Era costumbre que Akari casi desayunase con ella por las
mañanas, por lo que ya había tomado por hábito tener chocolate para calentarlo,
era el favorito de su amiga.
― Café estará bien, gracias Sohma ― Hoshina Yuki, él
pertenecía a una familia muy tradicional, por lo que el trato hacia los demás
era sumamente respetuoso. Haruka aun recordaba cuanto tiempo había tardado el
chico en llamar a Akari por su nombre y cuanto les había costado a las dos convencerlo de que no añadiese el
honorifico tras el apellido de la rubia.
La chica simplemente asintió y vertió en el tazón el
caliente líquido negruzco. Puso ambos tazones en la mesa enfrente de donde ella
se sentaría y les indico con un ademán que tomasen asiento.
Por unos minutos el silencio fue el reinante en la estancia.
Tan solo se escuchaba el crujir de las tostadas de la muchacha cuando las
mordía, el tintineo de las cucharillas removiendo sendos fluidos contenidos en
las porcelanas.
Las miradas de la castaña y el ojinegro saltaban de ellos
hasta la rubia y la incomodidad comenzaba a notarse. Haruka lanzo un suspiro
tras darle un trago a su café con leche y cerro momentáneamente sus orbes
rojas.
― ¿Me haríais el inmenso favor de soltarlo de una vez? ―les
pregunto de forma directa, sin titubear ni un instante, haciendo notar en la
dureza de sus palabras que, de una forma u otra, sabía que aquella incipiente
conversación no iba a ser de su agrado.
Akari se revolvió en su asiento con nerviosismo, parecía
dudar de cómo expresar lo que quería decir, por lo que Yuki fue el que tomó la
palabra en su lugar, de forma suave pero con sinceridad.
― Akari y yo pensamos que, ahora que ha vuelto, podría
sentirte incomoda. No obstante yo creo que Ren ha madurado y que ya no es el
que era… ―comenzó a decir el chico― Sabemos que será difícil para ti, pero
pensamos que podía darle una oportunidad para saber cómo es ahora y tal vez
podríais hablar de aquellos tiempos de forma más madura.
Haruka se sintió como s estuviese encerrada. Se levantó de
su silla y caminó lentamente por la estancia. Se asemejaba a un animal salvaje
confinado en una jaula. Se sentía observada y cuestionada, trataba de calmar
sus emociones, pero en su mente solo se arremolinaban preguntas negativas.
― ¿Puedes repetir lo que acabas de decir? ― Su voz sonó
amenazante― ¿Qué podremos hablar de aquellos tiempos? ― se giró y camino
decidida hacia la mesa donde apoyó sus manos con un fuerte golpe. ― ¿Cómo podéis
pensar que puedo darle una oportunidad? Ayer tan siquiera pareció reconocerme.
Si realmente piensas por un momento, Hoshina Yuki, que tu mejor amigo o tu
amigo de la infancia, o como quieras llamarlo, se va a acordar mínimamente de
todo lo que le hizo pasar a mi yo de cinco años, estas muy equivocado.
El pecho de la chica subía y bajaba agitadamente, había
contenido su voz, los nervios los tenía a flor de piel y sentía como le
escocían los ojos, pues las lágrimas de rabia luchaban por salir de sus ojos,
los cuales en aquel momento no tenían nada que envidiarle al mismísimo fuego.
― Haru-chi… ― murmuró Akari para llamar la atención de la
chica― Yu-chan no quiere decir que lo hagáis ahora… Ni por asomo se nos ocurriría
eso, yo se lo mucho que sufriste y que eso jamás se irá de tus recuerdos, pero…
Pensamos que con el tiempo tal vez sea posible. No te niegues a hacer algo tan
solo por el calor del momento.
Las palabras de Akari siempre conseguían llegar al corazón
de la rubia. Ella sabía que no podía decirle que no a su mejor amiga, pero se
le hacía sumamente difícil figurarse un momento en el que él y ella se pudiesen
sentar a hablar de cómo había sido los pocos años de infancia que ambos habían
compartido.
Respiró hondo y cerró los ojos, tras una pequeña disculpa
hacia el chico por su comportamiento se sentó nuevamente en su lugar.
Tras el desayuno agitado, Haruka había subido a cambiarse y
a arreglar su cabello. En el tiempo en el que ella había estado ausente y la
pareja había quedado sola, el chico le había confirmado a su adorada novia que,
Haruka había tenido razón en un detalle.
― Ren me preguntó ayer cosas sobre Sohma. No la recuerda,
tal vez por cómo ha cambiado, pero siente interés por ella. Me dijo que le
sonaba de algo, que sentía que la conocía, pero realmente no creo que recuerde
que era la niña con la que se metía deliberadamente. ―Habló con voz suave
mientras veía como su chica jugueteaba con la pequeña gata blanca de la dueña
de la casa.
― ¿Qué te preguntó sobre Haru-chi? ―preguntó cogiendo una de
las patitas de la gata la cual apretó levemente.
― No mucho. Quiso saber su nombre, como se comportaba con
los demás de la clase y me preguntó si tenían alguna relación; quiero decir, si
se la había topado antes ― resumió el chico― Le dije su nombre, y que era una
chica tranquila y amable ― aseguró― Pero no le dije nada de lo otro, me limité
a decirle que tal vez habían coincidido en alguna parte. Ren se conformó con
ello, supongo, porque no preguntó nada más.
La pareja hizo silencio cuando escucharon la puerta de la
habitación de Haruka cerrarse y como ella comenzaba a bajar las escaleras. Al
poco tiempo la chica se asomó por la puerta de la cocina.
― Ya estoy lista ― comentó y alzó una ceja al ver como la
pareja se puso tensa― ¿Pasa algo? ¿Me veo rara o… interrumpí algo? ―pregunto
eso último con una pequeña sonrisa pícara en sus labios. No obstante neo con la
cabeza e hizo un ademan quitándole importancia al ver como los ojos del chico
se abrían desmesuradamente― Era una broma Yuki.
De esta forma el grupo de chicos salieron de la casa de la
rubia y emprendieron el camino a la secundaria.
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