domingo, 12 de abril de 2015

Purinsesu hiiro to ouji akuma [プリンセス緋色と皇子悪魔]

CAPITULO TRES: ¿FIN DE SEMANA? YO LO LLAMO DESASTRE


La semana había pasado sin muchas incidencias. Haruka trataba de no involucrarse demasiado con ese chico, no obstante no era demasiado fácil, puesto que se había adueñado de el que ella llamaba “su grupo de amigos”.

Masamune Ren se había integrado completamente, tanto en la clase como en el centro de estudios. Era un chico popular, tanto con las chicas como con los chicos y, pocos de estos últimos lo detestaban.

Eso era lo que más de los nervios ponía a la rubia. El saber que él era querido por todos y que la historia se podría repetir hacía que su cuerpo temblase y que cada noche tuviese pesadillas de, según ella, cosas que ya había olvidado.


Ese día se había levantado temprano en la mañana y había limpiado la casa mientras su hermana estaba trabajando. La comida de ese día sería algo sencillo, nada demasiado laborioso, pues se había pasado la gran parte del tiempo sobre esforzándose y su cuerpo pedía descanso.

Mientras terminaba de ordenar todo había comenzado a preparar el Nikujyaga, como el modo de preparación era sencillo, mientras que todos los ingredientes se cocinaban podía continuar con lo que estaba haciendo y, para cuando su hermana llegó a casa para la comida, el famoso estofado estaba listo para ser servido.



Tras haber comido con tranquilidad, escuchando la animada charla que su hermana tenía con el novio de esta, Haruka recogió su servicio y lo dejó en el lavaplatos y se dispuso a subir a su habitación.

Haruka… ¿Ha habido algún cambio? ―la muchacha escuchó la voz grave del que era su cuñado mientras estaba subiendo uno a uno los escalones. La muchacha se posicionó de espaldas al hombre y cerró los ojos levemente lanzando un pequeño suspiro antes de responder:

No mucho… un poco de falta de aliento,  falta de sueño y nervios de punta ― relató con tranquilidad― Nada por lo que preocuparse, está controlado.

Diciendo esto terminó de subir las escaleras sin dejar que aquella conversación continuase por más tiempo. Tenía muchas cosas que hacer el día de hoy y una ducha la ayudaría a despejarse.








Una hora más tarde, la muchacha estaba en la puerta de la casa familiar  y su pie se movía incesante por la desesperación. Hacía media hora que ella estaba lista para marcharse y, su hermana que solo tenía que cambiarse de ropa no hacía más que tardar y tardar.

¡Ayame! Baja en este instante o me iré sin ti ―vociferó la rubia desde final de las escaleras mirando hacia arriba como si de un momento a otro su hermana fuese a aparecer como una exhalación y pidiéndole disculpas.

Pero tras esperar otro minuto exacto Haruka exhaló un suspiro y se dispuso a coger sus cosas para ir caminando al negocio de su hermana. ¿Por qué sería que esa mujer que supuestamente había sido como una madre para ella era la más problemática de las dos? Siempre teniendo que esperar por ella, se distraía en el trabajo cada vez que ella estaba allí para ayudarle, era patosa y a veces se equivocaba al servirles a los clientes.

No entiendo como tanta gente sigue visitando el café ― murmuró mientras salía por la puerta escuchando un inútil ruego de Ayame porque la esperase.

Caminó lentamente sabiendo que, tardo o temprano, su adorada pero exasperante hermana mayor se posicionaría a su lado. Porque sí, aunque Haruka sostuviese que la sacaba de sus casillas en innumerables ocasiones, a ella le gustaba hacer rabiar un poco a la mayor. Le resultaba divertido ver sus expresiones y escuchar las protestas dignas de una niña de ocho años, no de una mujer de la edad de Sohma Ayame.

En el rostro de la menor se dibujó una sonrisa fina y bien perfilada, alegre y encantadora, la cual le habría durado hasta llegar al establecimiento donde, como ella habría supuesto, las demás trabajadoras esperaban al borde de la desesperación.

¿Cómo es que la propia dueña casi siempre llega tarde? ― preguntó una de ellas, la muchacha de cabellos negros y lacios podía rondar los veintiún años y su mirada color azul se centraba en los ojos ambarinos de la mayor de las hermanas. ― De no ser por Haruka-chan siempre tendríamos que abrir una hora más tarde. ― La menor contuvo una risa en ese instante.

Perdón, perdón, Risa-chan ― se disculpó Ayame mirando a la morena con cara de arrepentimiento y tras una pequeña pausa, haciendo parecer que había recapacitado, dio una palmada y una sonrisa boba se dibujó en su rostro― ¡Ahora a trabajar chicas! ―el jovial gritito había hecho que las demás chicas, a excepción de Haruka y Risa, se quedasen descolocadas.









Habían pasado un par de horas desde la apertura del negocio y los clientes entraban y salían del establecimiento con una expresión jovial y sin ningún signo de estrés en sus rostros.
En el interior del edificio de dos plantas las chicas servían las mesas en sus uniformes de trabajo.

Haruka-chan se ve encantadora en ese vestido, la hace ver más femenina ― se escuchó comentar a un cliente.

La rubia se encontraba en ese momento atendiendo a una pareja de muchachos de apariencia seria que al parecer cursaban su segundo año en la universidad de la ciudad. El rostro de la muchacha parecía estar en completa serenidad, no obstante sus ojos denotaban cierta frialdad. No le agradaba tener la mirada de tanta gente encima de ella mientras portaba un traje de china demasiado corto para su opinión  – unos tres palmos por encima de las rodillas–, ajustado a su cuerpo, el color del mismo se asemejaba al color del atardecer y resaltaban detalles en color dorado de ramas y tallos de sakuras. Las mangas del vestido eran cortas y pegadas a sus finos brazos. El cierre del mismo se situaba en el frente partiendo desde el centro del cuello hacia el lado derecho del cuerpo de la muchacha a la altura de la axila. En el lado opuesto se situaba un corte de dos palmos de largo en la terminación del vestido, proporcionando mejor movilidad, no obstante también proporcionaba una visión del muslo de la muchacha cuando caminaba.

La joven dibujó una pequeña sonrisa en sus labios, coloreados de color rojo pastel muy semejante al color del vestido. Terminó de apuntar el pedido de los dos jóvenes en la pequeña libreta y se dispuso a repetir dicha orden, asegurándose de que esta estaba completa.

Ahora repetiré su orden ―anunció con voz suave― Un “espumoso de plátano con chocolate”, un “Mix de frutas veraniegas”, una porción de tarta pretzels y una orden de Shu matcha cream ―hizo otra pausa mientras se colocaba uno de los mechones que tenía libres de pelo, pues este lo llevaba recogido en un moño el cual sujetaban los tipos palillos chinos, tras su oreja adornada con más de cuatro pendientes― ¿Esta correcto? ―preguntó y tras el asentimiento de ambos muchachos hizo una pequeña reverencia retirándose del lugar para informar de la orden.

La tarde de la muchacha se resumía a atender ordenes, ser amable con gente que no le gustaba o que desconocía y servirles los pedidos en, según las mismas palabras de la ojiescarlata, “ese ridículo atuendo”.





La tarde comenzaba a llegar a su fin y, tras su pequeño descanso salió nuevamente del cuarto de trabajadores al interior del establecimiento, justo cuando la puerta se abrió. Como era costumbre en aquel lugar todas las trabajadoras que no se encontraban trabajando en ese momento se giraron desde la posición en la que se encontraban, situado su mirar en dirección a la puerta de la tienda.

Bienvenido a su hogar, amo ― el unísono de las voces femeninas fue bien recogido por el grupo de chicos que habían entrado, al mismo momento en el que la vista de la muchacha se centraba en la uno de esos muchachos.

Solo había una palabra para describir como se había quedado la muchacha. Paralizada. La boca de la chica que había quedado entreabierta, los ojos de esta, de por si grandes, se habían ensanchado, las pupilas negras como el carbón casi ocupaban todo el iris rojizo. Haruka no daba crédito a lo que sus ojos trataban de mostrarle. Su mente negaba el hecho de que aquello fuese verídico, pero su corazón sabía una cosa.

Estoy muerta ― murmuró antes de dar media vuelta como si de aquella manera pudiese evitar que él, que Masamune Ren la viese vestida de esa guisa. Pero aquello había sido nada más que una reacción tardía por parte de la joven.

Cerro los ojos, como si aquello la escondiese y, todo a su alrededor desapareció en un instante. El jolgorio de las voces de los clientes, las risas o comentarios mables de sus compañeras de trabajo, todo aquello había desaparecido, solo quedaba el resonar de los pasos masculinos que cada vez escuchaba más cerca de ella hasta que, por un momento, estos se detuvieron y notó como una mano grande y cálida se sujetaba alrededor de la su pequeña muñeca.



Realmente estoy muerta” ese fue el último pensamiento de Sohma Haruka.

lunes, 9 de febrero de 2015

Purinsesu hiiro to ouji akuma [プリンセス緋色と皇子悪魔]

CAPITULO DOS: EL COMIENZO DE LA PESADILLA


Nada más cruzar las puertas de la institución los ojos de Haruka toparon con un cabello rojo y unos orbes esmeraldas. La rubia se maldijo internamente y apuro su paso dejando a la pareja a unos cuantos por detrás de ella. En su mente la idea de tener un radar para cosas u personas indeseables no era descartable. Cada vez estaba más segura de que su suerte iba a peor.


Una imagen de cabellos rubio, un tanto borrosos, hizo reaccionar al joven. Levantó su cabeza y comenzó a seguir la figura esbelta y curvilínea de la chica sin pudor alguno. Desde el momento en el que sus ojos se encontraron el día anterior aquella chica había llamado su atención. Sentía que era conocedor de ella, que se había encontrado con ella en algún momento y, por el comportamiento de la chica hacia él, corroboraba su teoría.

Ren, despierta ― una mano circuló delante de sus ojos. El muchacho reaccionó a la voz conocida y se rascó la nuca algo disperso.

Buenos días, Yu ―comentó y su mirada se posó en la chica que acompañaba a su amigo― ¿Ella es tu novia? ―le preguntó y, sin darle tiempo a responder le extendió la mano a la chica― Masamune Ren, encantado de conocer a la chica de mi amigo ―le dijo esto sonriendo. Se fijó en que aquella chica era realmente hermosa, cabellos largos y marrones, ojos azules claros, un ligero rubor en las mejillas de esta y unos labios finos y rosados en los que se dibujaba una tímida sonrisa.

Tsubaki, Tsubaki Akari ― le respondió ella― Ya nos conocíamos, estuvimos en el mismo preescolar ―puntualizó la chica conservando la sonrisa. ― Es un placer volverte a ver.

Ren trató de recordar a la chica, buscó en su subconsciente la imagen de una niña de cabellos castaños y ojos azules y, por un momento una imagen de una chica de rasgos semejantes a los de Akari acariciándole el cabello a otra niña rubia que estaba llorando.

Si… Creo que te recuerdo, estabas con otra niña… ¿Rubia puede ser? ―se notaba la inseguridad en su voz, pero esperaba que la chica asintiese, no le gustaba no recordar las cosas.

Si, esa era yo ―comentó con un asentimiento― Me alegro de que me recuerdes.
A Ren le pareció una muchacha muy agradable. Se alegraba de que su amigo hubiese encontrado a una chica como ella.

Mientras charlaban continuaron andando hacia el interior del edificio. Después de recordar a Akari se preguntaba quién era esa niña de cabellos rubios, si aún seguía en la ciudad o si se había mudado. No recordaba su nombre, pero sí que recordaba lo que había sentido al estar cerca de ella.






La mañana paso lenta y, al fin, llegó el tan ansiado almuerzo. Como era costumbre Akari cogió su pequeña caja de almuerzo y salió de la clase mientras que, Sohma Haruka había ido, casi como una bala, a la cafetería del centro a coger un pan de Yakisoba y otro de melón. Tenía que apurarse lo más posible puesto que el pan de Yakisoba pronto desaparecería de la cafetería.
Haruka casi tendría que pelear con la marea de gente que, al llegar a la cafetería, apareció ante sus ojos. Se quedó quieta por unos segundos y lanzó un suspiro hastiada. Odiaba tener que meterse entre tanta gente, pero adoraba el pan de Yakisoba. 
Cerró instintivamente los ojos, se armó de valor y se encaminó hacia la batalla. Pronto se metió entre la multitud, teniendo cuidado de no pisar a nadie y de no ser golpeada.

Perdón… Disculpa… Lo siento ― comenzó a avanzar poco a poco ente la gente, la mayoría muchachos de su edad― Un poco más… ―murmuró para sí al estar cerca de la barra de pedidos― Listo ― cantó victoriosa con una sonrisa ― Un pan Yakisoba y otro de melón por favor ― pidió con una sonrisa y de la forma más amable posible, aunque alzando un poco la voz para que la mujer de la cafetería la escuchase.

Así que realmente sabes hablar y sonreír amablemente ― escuchó a su lado la voz de un muchacho. Miró de reojo y el semblante de la rubia cambio. ¿Por qué estaba justo él aquí? Se preguntó fastidiada Haruka.

No tengo por qué mostrarte  ti ese lado, Masamune ―comento bajo para que solo él la escuchara. La mujer de la cafetería le entregó los panes metidos en una bolsa azulada y Haruka le entregó el dinero de forma tranquila con una sonrisa― Muchas gracias ―tras eso se despidió y se dispuso a salir nuevamente de la marabunta.

No obstante en el medio de tanto jaleo tropezó con los pies de alguien y trastabillo. Pronto sintió como una mano la tomaba firmemente por la cintura. El corazón de la chica, el cual se había casi detenido del susto, comenzó a palpitar vertiginosamente.
Poco a poco la chica se fue enderezando y observó con detenimiento a la persona que la había librado de un buen golpe. Pronto se deshizo de su brazo y con dificultad logró salir de la cafetería.
Caminó por los pasillos y se paró en las máquinas expendedoras de bebidas. Como era costumbre cogió una botella de té para Akari y, ella en ese caso, presionó el botón del cacao con leche.

Demonios… ¿Por qué este? ―le preguntó a la máquina como si ella fuese a tener la respuesta ― No es que me disguste… ― Se encogió de hombros y emprendió el camino hacia los exteriores de la secundaria.







No era normal que ella tardase tanto. Akari se preguntó, temerosa, si a su amiga le había pasado algo por el camino. Oteó a lo lejos y no vio la característica cabellera rubia. Pasó sus orbes azul cielo por toda la extensión verde que se encontraba frente a ella y, por un instante le areció ver un destello rubio.

Las piernas de la morena comenzaron a moverse de forma nerviosa. Tomó su teléfono móvil y, tras desbloquearlo estaba dispuesta a escribirle a su amiga cuando alguien posó una mano en su hombro.

¡Tardaste mucho! ―protestó la chica― Me estaba asustando, pensé que te había pasa… ― cuando volteó a mirar a su amiga las mejillas de esta estaban teñidas de un tierno rubor. Akari parpadeo unas cuantas veces y sonrió de forma tranquila― ¿A pasado algo?

La rubia negó enérgicamente con la cabeza y se sentó  a un lado de su amiga. Le tendió la botella en total silencio y abrió su brick de cacao con leche. Tras fijarse en la bebida de su amiga se escuchó una pequeña risilla de parte de Akari.

Solamente me equivoqué de botón… No es como si no me gustase el cacao de todas maneras ―murmuró mientras abría el Yakisoba.

Se podía notar a simple vista que Akari de divertía con la situación. Pero no dijo nada más al respecto. Comieron por un rato en silencio hasta que la joven de ojos azules observó a una pareja de muchachos.

¿Sabes? Me di cuenta en clase… Pero Ren no deja de mirarte ―le dijo en un susurro. La joven rubia la miro de forma interrogativa y la otra, con un ademán de cabeza, le mostró que el susodicho se estaba acercando a ellas acompañado de Hoshina Yuki.

Me lo encontré en la cafetería… Parece que me sigue o algo así ―murmuró con fastidio.
Tsubaky, la cual estaba a punto de agregar algo, calló al ver la proximidad de los chicos y pronto dibujó una sonrisa amorosa en su rostro. Dejó lo que le quedaba de almuerzo a un lado y se levantó para saludar a su novio, el cual le había devuelto la sonrisa de forma mas recatada.
Ren, el cual se vio sobrante en la situación se posicionó cerca de Sohma, la cual rápidamente se giró levemente para darle la espalda. Su corazón el cual se había calmado hacia un rato, nuevamente latía ferozmente.

¿Estas bien? No te torciste un tobillo, ¿verdad? ―le preguntó el pelirrojo con voz pausada.

No creo que sea de tu incumbencia ―un tono seco, tirante y, según pudo apreciar Ren, lleno de rencor.

El ojiesmeralda no pudo comprender por qué aquel trato hacia su persona. Él tan solo la había tratado de ayudar. Su comentario anterior, a cualquier otra persona, le había hecho gracia o al menos había sacado una que otra sonrisilla tímida. Pero al parecer, para Haruka, su presencia no era de su agrado, no obstante eso no hacía más que aumentar el interés del chico por ella. Ren se preguntó cuan inaccesible podría llegar a ser la rubia y se aseguró a si mismo que, de una forma u otra, él se la ganaría.

La muchacha siguió comiendo en silencio su pan de Yakisoba. La tensión del momento se dibujaba perfectamente en sus hombros, los cales comenzaban a dolerle. Le resultaba tedioso tener que pasar su recreo de esa forma, por lo que echó mano a su teléfono móvil y le conectó los auriculares. Pronto Haruka se pudo evadir de la situación, pues tan pronto la música comenzó a sonar, para ella no hubo otra cosa que la melodía que en cuestión estaba escuchando.
No se dio cuenta de cuando Akari se puso enfrente a ella para hablarle o cuando nuevamente se sentó para terminar su almuerzo. Pronto la chica termino de comer sendos panes y, no fue hasta que su amiga le quitó los auriculares que ella despertó de su trance.

Valla… Sí que abstrajiste de todo… ― comentó la chica― Te estábamos preguntando que, ya que no tenemos nada más que las dos siguientes horas de clase, si te apetece ir al karaoke.

La chica pareció pensárselo por unos segundos y negó con la cabeza:

Lo siento, otra vez será… ― se excusó― Tengo que ir y ayudarle a mi hermana, ya sabes cómo se pone cuando tiene aunque sea un mínimo de estrés.

Su amiga hizo un puchero con su boca, sabía que normalmente así la convencía, no obstante también tenía bien presente que hoy sería uno de los días más complicados para convencerla. La presencia de Masamune Ren era lo que más le molestaba a Sohma y todo el problema residía en el pasado del cuarteto allí presente.

La rubia negó unas cuantas veces con la cabeza. Ya en ese momento su incomodidad con el chico era muy grande como para que para cuanto más tuviese que estar fuera del horario lectivo con él.

Se lo he prometido ―informó Haruka―. Los días que salgamos antes tengo que echarle una mano.

En cuanto lo dijo se arrepintió de hacerlo. Si ese era el trato Akari le podía decir cualquier otro día de ir, en esos momentos no valdría la excusa, pues su amiga sabía que la hermana de Haruka no le impediría el que fuese a divertirse con sus amigos.

Muy bien, entonces lo dejaremos para la próxima ―sonrió Akari tras decir eso haciendo hincapié su última palabra, sellando así el final de la pacifica vida de Sohma Haruka.

El grupo en aquel momento se separó y Haruka emprendió camino al local de su hermana. Una vez más tendría que ponerse esos uniformes que tanto odiaba.

viernes, 2 de enero de 2015

Purinsesu hiiro to ouji akuma [プリンセス緋色と皇子悪魔]

CAPITULO UNO: EL RETORNO DE UN DEMONIO


Trató de recordar con desesperación de que conocía a esa muchacha, del porque ella lo miraba de aquella manera, dolida, casi con odio, más un carraspeo proveniente de su costado derecho lo sacó de sus pensamientos.

Masamune, tus compañeros están esperando a que des tu presentación ―le instó el que sería su tutor hasta la graduación del instituto.

El hombre parecía rozar los cuarenta años. Su complexión no se podría decir que fuese fuerte, mas bien todo lo contrario de aquello. De estatura pequeña, el rostro era tan común como el color de su cabello, negro. Pero había algo en él que derrochaba confianza y camaradería. Quizás demasiada para ser un profesor. En eso, Masamune, se preguntó cuál sería la asignatura que el instruiría aquel personajillo que en ese momento lo alentaba con una sonrisa tímida.

Mi nombre es Masamune, Masamune Ren ―la voz del muchacho sonó segura y calmada― Por circunstancias, mi familia y yo nos mudamos a esta ciudad, no estoy muy familiarizado con las costumbres de Asahikawa, aunque viví aquí hasta la edad de los cinco años, pronto nos mudamos a Tokio. Por favor cuidad de mi ―finalizó su presentación con la, ya tan conocida reverencia.
Se escucharon murmullos y las exclamaciones de las chicas, visiblemente emocionadas de que el nuevo alumno y compañero de curso y clase era apuesto y con, por lo poco que habían podido ver, buena actitud.

Gracias Masamune ―habló una vez mas el profesor― Tu asiento es el que está detrás de Yamamoto. Por favor levántate para que Masamune sepa donde se tiene que sentar ―diciendo esto último a un joven de aspecto algo rudo el cual, de paso, parecía que acababa de despertarse.

Masamune Ren se encaminó a su nuevo lugar en esa aula, siendo seguido por las miradas expectantes de las chicas y las inquisitivas de los chicos. Mas la única que le interesaba era la de aquella muchacha de cabellos rubios y rizados que ahora estaba enfocada en lo que parecía el libro más interesante del mundo, mientras jugaba lentamente con el lapicero que tenía entre los dedos de la mano derecha.

Se sentó lentamente en su sitio mientras colgaba su maletín al lado izquierdo de la mesa. Lanzó un pequeño suspiro y comenzó a colocar sus cosas en el pupitre: una libreta y un par de bolígrafos, así como también un lapicero y un borrador para este.

La clase no demoró en dar comienzo y, al fin la primera pregunta que había rondado por su cabeza consiguió su respuesta. Odiaba las Matemáticas y las notas que había obtenido en esa asignatura a lo largo de sus años lectivos le había repercutido en su casi perfecto boletín de notas.

Se la pasó anotando cualquier cosa que aquel profesor de apariencia amable apuntaba en el gran pizarrón a la vez que también garabateaba en los márgenes de la libreta cualquier cosa si es que se aburría tras hacer los ejercicios indicados por el profesor Matsumoto.

La hora de Matemáticas le pasó más lento de lo que podía creer, no obstante las dos horas siguientes, Japones Moderno y Ciencias, fueron para él como unas horas en el karaoke con sus amigos.
Le habían parecido tan sencillas que apenas había escuchado a la joven profesora Yoshioka y al desgreñado profesor Mizuki. Y, tras ellos llegó el receso de las clases.

En un primer momento pensó en huir, no obstante a los pocos segundos ya estaba rodeado de gente. Demasiadas caras se presentaron e hicieron preguntas, no obstante él no lograba recordar a panas dos personas de clase según llegó a clase.

Nanami  Sakura, la cual era la representante de la clase y a Hoshina Yuki con el que había compartido los años que había vivido en Asahikawa. Era su amigo de la infancia y ahora vivían, como anteriormente, uno al lado del otro.

Compartieron también el camino a casa y, Hoshina lo puso al día en su vida y en como ahora él y una chica de la clase estaban saliendo juntos. Había pasado un buen rato con Yuki, le había preguntado por la misteriosa chica, mas el joven de cabellos plateados no había respondido con nada sustancial.





La mañana amaneciera nublada y con la poco claridad que entraba por entre las cortinas de su habitación sus ojos carmesí se abrieron lentamente.

Ella usualmente no se despertaba temprano, ni siquiera había salado la alarma de su despertador cuando ella, sentada en la cama, y mientras se colocaba un poco el cabello se ponía las zapatillas. Acto seguido bajo el botón de encendido del aparato y se levantó con tranquilidad.

La casa estaba en completo silencio, para ella aquello era ya usual. Su hermana mayor hacía al menos una hora que se había ido a su trabajo y la gata apenas hacía ruido. Si, ella vivía con su hermana.
Caminó unos cuantos pasos y de la cómoda cogió un coletero y sus pendientes los cuales colocó después de recoger su brillante, ondulado y rubio cabello.

Bajo las escaleras y entró en la cocina donde, su pequeña y cariñosa gata, le dio la bienvenida.

Buenos días Utau ―saludó la chica con una pequeña sonrisa y se acuclilló para acariciar y jugar un poco con el animal― Vamos, a desayunar ―comentó y se incorporó, guió sus paso hacia una alacena y de ella cogió la comida de gato, la cual sirvió en el comedero del felino.

No pasó mucho tiempo en el que ella se lavó sus manos y comenzó a preparar su desayuno. El día no prometía ser bueno del todo. Sobre todo tras la sorpresa del día anterior.
Haruka se puso a pensar en el porqué de la vuelta del chico. Masamune Ren no parecía acordarse de ella… Pero tampoco lo culpaba, más bien lo agradecía, pues ella había cambiado un poco mucho.

De pequeña Haruka había sido una niña muy tímida y un tanto llorona. Por aquel entonces Akari era la más fiable de las dos, cosa que en el presente era lo opuesto. Era usual para Haruka el esconderse tras de ella o de su mejor amigo. Pero ahora ella era la que defendía a los demás.
No obstante, no se sentía segura de poder lidiar nuevamente con la presencia de Masamune. Para la rubia era una persona que había marcado para mal su infancia. Aun recordaba las cosas que le había hecho y, por mucho que lo negara, a día de hoy continuaba teniendo pesadillas sobre aquellos tiempos.

Negando con la cabeza, para sacarse esos pensamientos de la mente, llevó los alimentos a la mesa. En ese momento, justo cuando estaba a punto de sentarse, el timbre de la puerta fue presionado barias veces, lo cual significaba que su despertador personal -como a veces llamaba en su subconsciente a Akari- había llegado.

Lanzó un leve suspiro acompañado de una sonrisa y caminó de forma lenta a abrir la puerta. Sabía que si tardaba un poco, su mejor amiga comenzaría a llamar al teléfono de la casa hasta que le abriese la puerta.

Quitó e pestillo de la puerta de la entrada y entreabrió la puerta asomando lentamente la cabeza. Por la mente de Haruka surcó la idea de que la morena se sorprendería, no obstante la ojiescarlata fue la más sorprendida.

La primera persona que vio en la puerta fue al novio de su amiga, un chico apuesto y de inusuales cabellos plateados y ojos negro intenso. Varios parpadeos después y tras salir de su estupefacción, Haruka abrió del todo la puerta dejando así pasar a la pareja.

Esto es inusual. ¿Te has despertado realmente temprano o simplemente no has dormido? ―le preguntó con voz cantarina Akari dejando su abrigo y su bandolera en la entrada. Por el contrario Yuki no dejo sus cosas en ningún momento, permaneció quieto al costado de su novia.

Me desperté pronto… Pero eso no quita el dormir mal ― respondió la rubia asegurando nuevamente la puerta― Lo que es inusual es que Yuki te acompañe, ¿a qué debo el honor? ―se dirigió esta vez la rubia― Puedes dejar las cosas donde lo ha hecho Akari, siéntete cómodo ―Haruka no solía tener mucho trato con Yuki, no obstante la relación con él no era cortante, la amabilidad de la chica se hacía presente  en cada escueta conversación, pero también se solía entrever en sus palabras lo desconfiada que era ella hacia el chico.

El chico simplemente asintió e hizo lo que le habían indicado. Tras ello siguió a las chicas hasta la cocina de Sohma. Al entrar en ella se podía respirar el aroma que había dejado el café recién preparado y el dulce olor de la confitura de moras que decoraban el centro de las dos tostadas que la rubia tomaría al desayuno.

¿Te gusta el café o prefieres algo como… zumo, te, chocolate caliente? ― Le preguntó ella con tranquilidad mientras cogía dos tazones.

Era costumbre que Akari casi desayunase con ella por las mañanas, por lo que ya había tomado por hábito tener chocolate para calentarlo, era el favorito de su amiga.

Café estará bien, gracias Sohma ― Hoshina Yuki, él pertenecía a una familia muy tradicional, por lo que el trato hacia los demás era sumamente respetuoso. Haruka aun recordaba cuanto tiempo había tardado el chico en llamar a Akari por su nombre y cuanto les había costado a las  dos convencerlo de que no añadiese el honorifico tras el apellido de la rubia.

La chica simplemente asintió y vertió en el tazón el caliente líquido negruzco. Puso ambos tazones en la mesa enfrente de donde ella se sentaría y les indico con un ademán que tomasen asiento.
Por unos minutos el silencio fue el reinante en la estancia. Tan solo se escuchaba el crujir de las tostadas de la muchacha cuando las mordía, el tintineo de las cucharillas removiendo sendos fluidos contenidos en las porcelanas.

Las miradas de la castaña y el ojinegro saltaban de ellos hasta la rubia y la incomodidad comenzaba a notarse. Haruka lanzo un suspiro tras darle un trago a su café con leche y cerro momentáneamente sus orbes rojas.

¿Me haríais el inmenso favor de soltarlo de una vez? ―les pregunto de forma directa, sin titubear ni un instante, haciendo notar en la dureza de sus palabras que, de una forma u otra, sabía que aquella incipiente conversación no iba a ser de su agrado.

Akari se revolvió en su asiento con nerviosismo, parecía dudar de cómo expresar lo que quería decir, por lo que Yuki fue el que tomó la palabra en su lugar, de forma suave pero con sinceridad.

Akari y yo pensamos que, ahora que ha vuelto, podría sentirte incomoda. No obstante yo creo que Ren ha madurado y que ya no es el que era… ―comenzó a decir el chico― Sabemos que será difícil para ti, pero pensamos que podía darle una oportunidad para saber cómo es ahora y tal vez podríais hablar de aquellos tiempos de forma más madura.

Haruka se sintió como s estuviese encerrada. Se levantó de su silla y caminó lentamente por la estancia. Se asemejaba a un animal salvaje confinado en una jaula. Se sentía observada y cuestionada, trataba de calmar sus emociones, pero en su mente solo se arremolinaban preguntas negativas.

¿Puedes repetir lo que acabas de decir? ― Su voz sonó amenazante― ¿Qué podremos hablar de aquellos tiempos? ― se giró y camino decidida hacia la mesa donde apoyó sus manos con un fuerte golpe. ― ¿Cómo podéis pensar que puedo darle una oportunidad? Ayer tan siquiera pareció reconocerme. Si realmente piensas por un momento, Hoshina Yuki, que tu mejor amigo o tu amigo de la infancia, o como quieras llamarlo, se va a acordar mínimamente de todo lo que le hizo pasar a mi yo de cinco años, estas muy equivocado.

El pecho de la chica subía y bajaba agitadamente, había contenido su voz, los nervios los tenía a flor de piel y sentía como le escocían los ojos, pues las lágrimas de rabia luchaban por salir de sus ojos, los cuales en aquel momento no tenían nada que envidiarle al mismísimo fuego.

Haru-chi… ― murmuró Akari para llamar la atención de la chica― Yu-chan no quiere decir que lo hagáis ahora… Ni por asomo se nos ocurriría eso, yo se lo mucho que sufriste y que eso jamás se irá de tus recuerdos, pero… Pensamos que con el tiempo tal vez sea posible. No te niegues a hacer algo tan solo por el calor del momento.

Las palabras de Akari siempre conseguían llegar al corazón de la rubia. Ella sabía que no podía decirle que no a su mejor amiga, pero se le hacía sumamente difícil figurarse un momento en el que él y ella se pudiesen sentar a hablar de cómo había sido los pocos años de infancia que ambos habían compartido.

Respiró hondo y cerró los ojos, tras una pequeña disculpa hacia el chico por su comportamiento se sentó nuevamente en su lugar. 






Tras el desayuno agitado, Haruka había subido a cambiarse y a arreglar su cabello. En el tiempo en el que ella había estado ausente y la pareja había quedado sola, el chico le había confirmado a su adorada novia que, Haruka había tenido razón en un detalle.

Ren me preguntó ayer cosas sobre Sohma. No la recuerda, tal vez por cómo ha cambiado, pero siente interés por ella. Me dijo que le sonaba de algo, que sentía que la conocía, pero realmente no creo que recuerde que era la niña con la que se metía deliberadamente. ―Habló con voz suave mientras veía como su chica jugueteaba con la pequeña gata blanca de la dueña de la casa.

¿Qué te preguntó sobre Haru-chi? ―preguntó cogiendo una de las patitas de la gata la cual apretó levemente.

No mucho. Quiso saber su nombre, como se comportaba con los demás de la clase y me preguntó si tenían alguna relación; quiero decir, si se la había topado antes ― resumió el chico― Le dije su nombre, y que era una chica tranquila y amable ― aseguró― Pero no le dije nada de lo otro, me limité a decirle que tal vez habían coincidido en alguna parte. Ren se conformó con ello, supongo, porque no preguntó nada más.

La pareja hizo silencio cuando escucharon la puerta de la habitación de Haruka cerrarse y como ella comenzaba a bajar las escaleras. Al poco tiempo la chica se asomó por la puerta de la cocina.

Ya estoy lista ― comentó y alzó una ceja al ver como la pareja se puso tensa― ¿Pasa algo? ¿Me veo rara o… interrumpí algo? ―pregunto eso último con una pequeña sonrisa pícara en sus labios. No obstante neo con la cabeza e hizo un ademan quitándole importancia al ver como los ojos del chico se abrían desmesuradamente― Era una broma Yuki.


De esta forma el grupo de chicos salieron de la casa de la rubia y emprendieron el camino a la secundaria. 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Purinsesu hiiro to ouji akuma [プリンセス緋色と皇子悪魔

PROLOGO

Tal vez en algún momento de su vida se habían conocido. A lo mejor se habían topado en alguna calle abarrotada de gente, en la entrada de algún local nocturno. Pero lo supo justo cuando sus miradas se encontraron en aquel momento.
El resentimiento que destilaba la mirada de ella era casi palpable. El desdén en la de él no se podía disimular y menos aun cuando era observado por todos sus compañeros de clase.

Sí. Aquel era el primer día de los dos largos años que estaría en ese instituto. 





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Bueno, se que no es mucho, pero empecemos por el Prologo de la Historia. 
Dentro de poco publicaré el primer capítulo.

Un saludo y Besos. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

Estoy de regreso

Tras haber estado meses ausente a causa de los estudios vengo de nuevo por aquí con noticias frescas.
¿Recordáis la historia que estaba escribiendo? Bien, pues tengo el Prologo y el primer capítulo de la historia.
Ha sido complicado retomar la historia, pues después de haber estudiado tanto mi mente no estaba dispuesta a pensar en escribir, pero al fin fui capaz de retomarla y me siento complacida con lo que he escrito.
Prometo continuar con ella, aunque como es de esperarse también tengo que atender a mis estudios ¿no?
Pero aprovechando las vacaciones navideñas y, que mi inspiración ha regresado, trataré de avanzar positivamente en la historia, la cual aun estoy en vías de titular. ¿Cómico no? Empezar a escribir algo y no saber como titularla.

Les deseo unas felices fiestas, una feliz nochebuena y navidad atrasadas. Espero pasarme antes del nuevo año por aquí nuevamente.

Besos y Saludos.

domingo, 3 de agosto de 2014

"Los Personajes" - Fisico

He tratado de darles rasgos que podrían ayudar a ver mejor a los personajes. No obstante no encontré un programa o algo similar diferente a este... Y como veréis salen mas bien "chibi" cuando yo los quería mas de otro estilo, pero mas o menos podremos ver como serían.
Os dejo las imágenes abajo:










Y estos serían los profesores:





"Los Personajes" - Pequeño adelanto de una nueva historia

Personajes

MASAMUNE REN: De cabello rojo oscuro, casi marrón y algo largo, lo justo para que le tapen los piercings de la oreja derecha, los ojos los tiene verdes y es de apariencia atlética. Es amigo de la infancia de Yuki, por lo que es con el que mas tiempo pasa en clase o fuera de ella.


HOSHINA YUKI: Amigo de la infancia de Ren. Es un muchacho amable y de apariencia dulce, pero eso no le quita que tenga apariencia varonil. Es muy inteligente y bueno en casi todos los deportes, pero no se le da demasiado bien la gente.


NANAMI SAKURA: Representante de la clase, está enamorada de Yamamoto Shin. De cabello rosáceo, casi blanco, y ojos azul cielo. Es una chica tímida que se esconde detrás de unas gafas de pasta negra y que adora pintar. Es un poco torpe y se pone nerviosa a la mínima. Aun así es una chica muy amable.


MATSUMOTO: Profesor de Matemáticas. De apariencia amable y algo despistada. No tiene mas de cuarenta años, mas no se sabe a ciencia cierta. De baja estatura y de cara y cabello muy normales.


YOSHIOKA: Joven profesora de Japonés Moderno. Ella es muy coqueta y viste con colores suaves pero vivos. Le gusta nombrar a sus alumnos por sus segundos nombres añadiéndole al final los respectivos honoríficos. Ella es animada y se preocupa en exceso de sus alumnos.


MIZUKI: Profesor de ciencias. No se sabe mucho de él, no obstante a las alumnas les da algo de miedo pues su cabello desordenado y rizo le tapa los ojos casi por completo. Lleva una descuidada barba de tres días o más.


YAMAMOTO SHIN: Él es el que se sienta delante de Ren. Su apariencia es de un chico rudo la cual se acentúa por su cara y brazos normalmente dañados. La gente dice que es un delincuente. Se la pasa durmiendo en los cambios de clase o al principio de estas. Shin, por así decirlo, es el mejor amigo de Haruka, pero en las sombras.


TSUBAKY AKARI: Ella es la novia de Yuki, el amigo de la infancia de Ren. Ella es la mejor amiga de Haruka. Akari es la que mejor nota saca de todo su curso y también trabaja a medio tiempo en una tienda de pan por las tardes para ayudar a la familia de sus tíos con sus gastos. Se quedó huérfana a la edad de cuatro años.



SOHMA HARUKA: Ella iba con Ren y con Yuki en clase y era acosada por Ren cuando era pequeña. Ella le tiene un gran rencor al chico, el cual parece que no se acuerda de ella. Es una chica sencilla amante de la literatura y buena cantando. Normalmente lleva el cabello suelto ocultando sus orejas de las que cuelgan piercings.