CAPITULO DOS: EL COMIENZO DE LA
PESADILLA
Nada más cruzar las puertas de la institución los ojos de
Haruka toparon con un cabello rojo y unos orbes esmeraldas. La rubia se maldijo
internamente y apuro su paso dejando a la pareja a unos cuantos por detrás de
ella. En su mente la idea de tener un radar para cosas u personas indeseables
no era descartable. Cada vez estaba más segura de que su suerte iba a peor.
Una imagen de cabellos rubio, un tanto borrosos, hizo
reaccionar al joven. Levantó su cabeza y comenzó a seguir la figura esbelta y
curvilínea de la chica sin pudor alguno. Desde el momento en el que sus ojos se
encontraron el día anterior aquella chica había llamado su atención. Sentía que
era conocedor de ella, que se había encontrado con ella en algún momento y, por
el comportamiento de la chica hacia él, corroboraba su teoría.
― Ren, despierta ― una mano circuló delante de sus ojos. El
muchacho reaccionó a la voz conocida y se rascó la nuca algo disperso.
― Buenos días, Yu ―comentó y su mirada se posó en la chica
que acompañaba a su amigo― ¿Ella es tu novia? ―le preguntó y, sin darle tiempo
a responder le extendió la mano a la chica― Masamune Ren, encantado de conocer
a la chica de mi amigo ―le dijo esto sonriendo. Se fijó en que aquella chica
era realmente hermosa, cabellos largos y marrones, ojos azules claros, un
ligero rubor en las mejillas de esta y unos labios finos y rosados en los que
se dibujaba una tímida sonrisa.
― Tsubaki, Tsubaki Akari ― le respondió ella― Ya nos
conocíamos, estuvimos en el mismo preescolar ―puntualizó la chica conservando
la sonrisa. ― Es un placer volverte a ver.
Ren trató de recordar a la chica, buscó en su subconsciente
la imagen de una niña de cabellos castaños y ojos azules y, por un momento una
imagen de una chica de rasgos semejantes a los de Akari acariciándole el
cabello a otra niña rubia que estaba llorando.
― Si… Creo que te recuerdo, estabas con otra niña… ¿Rubia puede
ser? ―se notaba la inseguridad en su voz, pero esperaba que la chica asintiese,
no le gustaba no recordar las cosas.
― Si, esa era yo ―comentó con un asentimiento― Me alegro de
que me recuerdes.
A Ren le pareció una muchacha muy agradable. Se alegraba de
que su amigo hubiese encontrado a una chica como ella.
Mientras charlaban continuaron andando hacia el interior del
edificio. Después de recordar a Akari se preguntaba quién era esa niña de
cabellos rubios, si aún seguía en la ciudad o si se había mudado. No recordaba
su nombre, pero sí que recordaba lo que había sentido al estar cerca de ella.
La mañana paso lenta y, al fin, llegó el tan ansiado
almuerzo. Como era costumbre Akari cogió su pequeña caja de almuerzo y salió de
la clase mientras que, Sohma Haruka había ido, casi como una bala, a la
cafetería del centro a coger un pan de Yakisoba y otro de melón. Tenía que
apurarse lo más posible puesto que el pan de Yakisoba pronto desaparecería de
la cafetería.
Haruka casi tendría que pelear con la marea de gente que, al
llegar a la cafetería, apareció ante sus ojos. Se quedó quieta por unos
segundos y lanzó un suspiro hastiada. Odiaba tener que meterse entre tanta
gente, pero adoraba el pan de Yakisoba.
Cerró instintivamente los ojos, se armó de valor y se
encaminó hacia la batalla. Pronto se metió entre la multitud, teniendo cuidado
de no pisar a nadie y de no ser golpeada.
― Perdón… Disculpa… Lo siento ― comenzó a avanzar poco a
poco ente la gente, la mayoría muchachos de su edad― Un poco más… ―murmuró para
sí al estar cerca de la barra de pedidos― Listo ― cantó victoriosa con una
sonrisa ― Un pan Yakisoba y otro de melón por favor ― pidió con una sonrisa y
de la forma más amable posible, aunque alzando un poco la voz para que la mujer
de la cafetería la escuchase.
― Así que realmente sabes hablar y sonreír amablemente ―
escuchó a su lado la voz de un muchacho. Miró de reojo y el semblante de la
rubia cambio. ¿Por qué estaba justo él aquí? Se preguntó fastidiada Haruka.
― No tengo por qué mostrarte ti ese lado, Masamune ―comento bajo para que
solo él la escuchara. La mujer de la cafetería le entregó los panes metidos en
una bolsa azulada y Haruka le entregó el dinero de forma tranquila con una
sonrisa― Muchas gracias ―tras eso se despidió y se dispuso a salir nuevamente
de la marabunta.
No obstante en el medio de tanto jaleo tropezó con los pies
de alguien y trastabillo. Pronto sintió como una mano la tomaba firmemente por
la cintura. El corazón de la chica, el cual se había casi detenido del susto,
comenzó a palpitar vertiginosamente.
Poco a poco la chica se fue enderezando y observó con
detenimiento a la persona que la había librado de un buen golpe. Pronto se
deshizo de su brazo y con dificultad logró salir de la cafetería.
Caminó por los pasillos y se paró en las máquinas
expendedoras de bebidas. Como era costumbre cogió una botella de té para Akari
y, ella en ese caso, presionó el botón del cacao con leche.
― Demonios… ¿Por qué este? ―le preguntó a la máquina como si
ella fuese a tener la respuesta ― No es que me disguste… ― Se encogió de
hombros y emprendió el camino hacia los exteriores de la secundaria.
No era normal que ella tardase tanto. Akari se preguntó,
temerosa, si a su amiga le había pasado algo por el camino. Oteó a lo lejos y no
vio la característica cabellera rubia. Pasó sus orbes azul cielo por toda la
extensión verde que se encontraba frente a ella y, por un instante le areció
ver un destello rubio.
Las piernas de la morena comenzaron a moverse de forma
nerviosa. Tomó su teléfono móvil y, tras desbloquearlo estaba dispuesta a
escribirle a su amiga cuando alguien posó una mano en su hombro.
― ¡Tardaste mucho! ―protestó la chica― Me estaba asustando,
pensé que te había pasa… ― cuando volteó a mirar a su amiga las mejillas de esta
estaban teñidas de un tierno rubor. Akari parpadeo unas cuantas veces y sonrió
de forma tranquila― ¿A pasado algo?
La rubia negó enérgicamente con la cabeza y se sentó a un lado de su amiga. Le tendió la botella
en total silencio y abrió su brick de cacao con leche. Tras fijarse en la
bebida de su amiga se escuchó una pequeña risilla de parte de Akari.
― Solamente me equivoqué de botón… No es como si no me
gustase el cacao de todas maneras ―murmuró mientras abría el Yakisoba.
Se podía notar a simple vista que Akari de divertía con la
situación. Pero no dijo nada más al respecto. Comieron por un rato en silencio
hasta que la joven de ojos azules observó a una pareja de muchachos.
― ¿Sabes? Me di cuenta en clase… Pero Ren no deja de mirarte
―le dijo en un susurro. La joven rubia la miro de forma interrogativa y la
otra, con un ademán de cabeza, le mostró que el susodicho se estaba acercando a
ellas acompañado de Hoshina Yuki.
― Me lo encontré en la cafetería… Parece que me sigue o algo
así ―murmuró con fastidio.
Tsubaky, la cual estaba a punto de agregar algo, calló al
ver la proximidad de los chicos y pronto dibujó una sonrisa amorosa en su
rostro. Dejó lo que le quedaba de almuerzo a un lado y se levantó para saludar
a su novio, el cual le había devuelto la sonrisa de forma mas recatada.
Ren, el cual se vio sobrante en la situación se posicionó
cerca de Sohma, la cual rápidamente se giró levemente para darle la espalda. Su
corazón el cual se había calmado hacia un rato, nuevamente latía ferozmente.
― ¿Estas bien? No te torciste un tobillo, ¿verdad? ―le
preguntó el pelirrojo con voz pausada.
― No creo que sea de tu incumbencia ―un tono seco, tirante
y, según pudo apreciar Ren, lleno de rencor.
El ojiesmeralda no pudo comprender por qué aquel trato hacia
su persona. Él tan solo la había tratado de ayudar. Su comentario anterior, a
cualquier otra persona, le había hecho gracia o al menos había sacado una que
otra sonrisilla tímida. Pero al parecer, para Haruka, su presencia no era de su
agrado, no obstante eso no hacía más que aumentar el interés del chico por
ella. Ren se preguntó cuan inaccesible podría llegar a ser la rubia y se
aseguró a si mismo que, de una forma u otra, él se la ganaría.
La muchacha siguió comiendo en silencio su pan de Yakisoba.
La tensión del momento se dibujaba perfectamente en sus hombros, los cales
comenzaban a dolerle. Le resultaba tedioso tener que pasar su recreo de esa
forma, por lo que echó mano a su teléfono móvil y le conectó los auriculares.
Pronto Haruka se pudo evadir de la situación, pues tan pronto la música comenzó
a sonar, para ella no hubo otra cosa que la melodía que en cuestión estaba
escuchando.
No se dio cuenta de cuando Akari se puso enfrente a ella
para hablarle o cuando nuevamente se sentó para terminar su almuerzo. Pronto la
chica termino de comer sendos panes y, no fue hasta que su amiga le quitó los
auriculares que ella despertó de su trance.
― Valla… Sí que abstrajiste de todo… ― comentó la chica― Te
estábamos preguntando que, ya que no tenemos nada más que las dos siguientes
horas de clase, si te apetece ir al karaoke.
La chica pareció pensárselo por unos segundos y negó con la
cabeza:
― Lo siento, otra vez será… ― se excusó― Tengo que ir y
ayudarle a mi hermana, ya sabes cómo se pone cuando tiene aunque sea un mínimo
de estrés.
Su amiga hizo un puchero con su boca, sabía que normalmente
así la convencía, no obstante también tenía bien presente que hoy sería uno de
los días más complicados para convencerla. La presencia de Masamune Ren era lo
que más le molestaba a Sohma y todo el problema residía en el pasado del
cuarteto allí presente.
La rubia negó unas cuantas veces con la cabeza. Ya en ese
momento su incomodidad con el chico era muy grande como para que para cuanto
más tuviese que estar fuera del horario lectivo con él.
― Se lo he prometido ―informó Haruka―. Los días que salgamos
antes tengo que echarle una mano.
En cuanto lo dijo se arrepintió de hacerlo. Si ese era el
trato Akari le podía decir cualquier otro día de ir, en esos momentos no valdría
la excusa, pues su amiga sabía que la hermana de Haruka no le impediría el que
fuese a divertirse con sus amigos.
― Muy bien, entonces lo dejaremos para la próxima ―sonrió
Akari tras decir eso haciendo hincapié su última palabra, sellando así el final
de la pacifica vida de Sohma Haruka.